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(parte 1 de 3): El Primero

“Si hubiera tomado a alguien como mejor amigo, habría tomado a Abu Baker, pero él es mi hermano y compañero”[1]. Estas son las palabras del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y Abu Baker fue su compañero terrenal más cercano. Abu Baker fue conocido como As Siddiq (el veraz). La palabra árabe Siddiq implica más que la falta de engaño, indica una persona en un estado permanente de veracidad. Quien reconoce la verdad y se adhiere a ella. La palabra Siddiq implica veracidad con uno mismo, con los que están alrededor de uno y, más importante, con Dios. Así era Abu Baker.

El Profeta Muhammad mostró su gran amor y respeto por Abu Baker, asociándole el concepto de “mejor amigo”. En árabe, la palabra utilizada es jalil y denota más que amistad, más bien una cercanía sincera con una conexión inquebrantable. El Profeta Abraham fue conocido como el jalil de Dios, y el propio Profeta Muhammad reservó esta palabra para su relación con Dios, pero su conexión con Abu Baker involucró una relación especial.

 

Antecedentes

Los dichos del Profeta Muhammad y la historia del Islam nos muestran que Abu Baker nació poco más de dos años después que el Profeta Muhammad, y que ambos nacieron en la tribu de Quraish, aunque en clanes distintos. Abu Baker nació en una familia bastante acomodada y se estableció como un comerciante y mercader exitoso. Era un hombre simpático y accesible, que tenía una gran red social.

A Abu Baker le encantaba hablar y comunicarse con todos a su alrededor, y era experto en genealogía árabe. Conocía los nombres y ubicaciones de todas las tribus árabes y entendía sus cualidades buenas y malas. Fue este conocimiento el que le permitió mezclarse fácilmente con muchas personas distintas y tener una gran influencia en la sociedad de La Meca.

Cuando el Profeta Muhammad se casó con su primera esposa, Jadiyah, él y Abu Baker se convirtieron en vecinos y encontraron que compartían muchas características similares. Ambos hombres fueron comerciantes, y ambos manejaron sus asuntos con honestidad e integridad.

Tanto el Profeta Muhammad como Abu Baker evitaron el vicio y la corrupción que abundaban en la Arabia preislámica, y ambos evitaron la idolatría. Se reconocieron uno al otro como almas gemelas y entablaron una amistad de por vida.

 

El Primero

Abu Baker As Siddiq fue la primera persona en prestar atención al mensaje del Profeta Muhammad y entrar al Islam. Cuando oyó al Profeta Muhammad decir que era el Mensajero de Dios, Abu Baker aceptó el Islam sin reservas. Para todos los demás que llegan al Islam o reavivan la fe perdida, hay un obstáculo, un momento de vacilación, pero no para Abu Baker. La dulzura de la fe entró en su corazón, y el conocido como “el veraz”, reconoció la verdad.

En los primeros días, cuando el mensaje fue revelado por primera vez, el Profeta Muhammad llamó a la gente de su alrededor al Islam en secreto. El Profeta Muhammad sabía que su mensaje causaría sorpresa y consternación entre los mecanos que estaban profundamente arraigados en la ignorancia. Él quería construir un grupo de seguidores que poco a poco entregarían el mensaje, difundiéndolo en círculos cada vez mayores. Cuando había 38 musulmanes, Abu Baker acudió a su amigo amado, el Profeta Muhammad, y dijo que quería proclamar el mensaje en público.

El Profeta Muhammad se negó, pensando que eran muy pocos para exponerse a riesgos. Abu Baker insistió y continuó mencionándole esto a su compañero. Cuando el Profeta Muhammad recibió la orden de Dios de hacer público su mensaje, él y Abu Baker se dirigieron a la Kaaba (la casa de Dios en el centro de La Meca). Abu Baker se levantó y proclamó en voz alta: “No hay nadie digno de adoración sino Dios, y Muhammad es Su siervo y Mensajero”. Abu Baker fue el primer orador público del Islam.
Cuando el Profeta Muhammad murió los musulmanes estaban devastados, algunos incluso se negaron a aceptar la realidad. Sus corazones estaban rotos. Aunque estaba abrumado por el dolor, Abu Baker se dirigió a la gente, alabó y glorificó a Dios y dijo: “Quienes adoraban a Muhammad, sepan que Muhammad está muerto; pero quienes adoran a Dios, sepan que Dios es Eterno y jamás morirá”[2]. Entonces recitó estos versículos del Corán:
“Por cierto que tú fallecerás [¡Oh, Muhammad!], y ellos también fallecerán [pues nadie es inmortal]”. (Corán 39:30)

“Muhammad no es sino un Mensajero, a quien precedieron otros. ¿Si muriera o le dieran muerte, volveríais a la incredulidad? Mas quien volviera a ella, en nada perjudicará a Allah. Allah retribuirá a los agradecidos”. (Corán 3:144)

Durante esta gran crisis, los musulmanes devastados eligieron a Abu Baker como su líder. Él fue el primer Califa (líder de los musulmanes).

El sobrino del Profeta Muhammad, Ali ibn Abi Talib, elogió a Abu Baker como la primera persona en entrar al Islam y la primera en realizar buenas obras[3]. En el Islam, competir con otro en hacer buenas obras no sólo es aceptable sino encomiable. El Profeta Muhammad exhortó a sus seguidores a tomarse con calma los asuntos de este mundo, pero a competir unos con otros por la vida eterna en el Paraíso. El historiador musulmán At Tabarani, cita al compañero recto Ibn Abbas diciendo: “Abu Baker… se destacó entre todos los compañeros del Profeta Muhammad en piedad y justicia, en la renuncia a los bienes materiales y en la confianza en Dios”. Por los dichos del Profeta Muhammad sabemos que Abu Baker será la primera persona en entrar al Paraíso después de los Profetas de Dios[4]. Abu Baker, ¡el Primero!

Footnotes:
[1] Sahih Al-Bujari
[2] Sahih Al-Bujari.
[3] Ali ibn Abi Talib en el funeral de Abu Baker.
[4] Abu Dawud.

 

(parte 2 de 3): Somos dos, y Dios es nuestro Tercero

El Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Dios sean con él, y su compañero cercano, Abu Baker, tenían una diferencia de edad de menos de 3 años. Ambos nacieron en la misma tribu árabe, Quraish, pero en diferentes clanes. El Profeta Muhammad pasó gran parte de sus primeros años en relativa pobreza, mientras que Abu Baker venía de una familia bastante acomodada. Ambos hombres vivían y se comportaban de forma tranquila y digna, y ambos hombres habían rechazado la idolatría toda su vida. Cuando el Profeta Muhammad recibió su misión de difundir el mensaje del Islam, el primer hombre que se convirtió fue su amigo Abu Baker. Sin vacilar un instante, Abu Baker aceptó el Islam y comenzó un viaje de dedicación y amor que duró el resto de su vida.

Abu Baker amaba a su querido amigo y estaba listo y en condiciones de aceptar la verdad del Islam fácilmente. Cuando escuchó el mensaje de que Dios es Uno, estaba preparado para aceptar lo que él ya sabía que era cierto. Su hija Aisha narró que, en toda su vida, Abu Baker nunca se postró ante un ídolo. El propio Abu Baker relató que cuando era niño, su padre lo llevó al lugar de los ídolos y lo dejó allí entre las estatuas. El joven muchacho miró los objetos inanimados que lo rodeaban y les preguntó cómo podrían beneficiarlo. Cuando los ídolos fueron incapaces de responderle, Abu Baker decidió que no adoraría a algo incapaz de ver u oír. Entendía de forma innata que las estatuas y los ídolos no merecen adoración.

El amor de Abu Baker por el Único Dios Verdadero y su apoyo a su amigo Muhammad le significaron ser perseguido, y a menudo golpeado sin piedad, durante los primeros tiempos del Islam. La mayoría de los mecanos odiaba escuchar el mensaje de Muhammad de reforma y rendición de cuentas. Ellos eran los guardianes de la idolatría, y una gran cantidad de ingresos era obtenida de los peregrinos que visitaban a uno o más de los ídolos que eran adorados dentro y alrededor de La Meca. Si Muhammad tenía éxito en unir al pueblo en la adoración al Único Dios, y si sus formas de corrupción eran erradicadas, sus vidas cambiarían irreversiblemente.

 

La migración

El trato terrible, la tortura y la brutalidad, dirigidos contra los musulmanes, significaron que el Profeta Muhammad enviara lejos a muchos de ellos para protegerlos. La segunda de dos migraciones fue a la cercana ciudad de Yatrib, que luego fue llamada Medina. Aunque a menudo se le llama un “escape”, en realidad fue una migración cuidadosamente planificada. Dos tribus de Yatrib habían negociado un tratado con el Profeta Muhammad y le habían ofrecido su lealtad y protección; pero hasta ese momento el Profeta Muhammad no había recibido permiso de Dios para abandonar La Meca. Sin embargo, envió a sus seguidores a Yatrib en grupos lo suficientemente pequeños como para no llamar la atención de los mecanos.

Un día, al calor del sol del mediodía, el Profeta Muhammad visitó la casa de su amigo Abu Baker. Las calles de La Meca estaban desiertas y Abu Baker supo que esa visita, a esa hora del día reservada para el descanso, era de gran importancia. El Profeta Muhammad le pidió a Abu Baker que “desocupara su casa”, queriendo decir que él tenía algo importante y privado que discutir. Abu Baker respondió: “Esta es tu familia”. El Profeta Muhammad entró en la casa y le reveló a su amigo que Dios le había dado permiso de dejar La Meca. Aisha narra que su padre lloró cuando escuchó que sería el compañero de viaje del Profeta Muhammad.

Abu Baker no lloraba de miedo, aunque el viaje estaría lleno de peligros, sino de alegría. Esta fue una oportunidad para él de dedicar más de diez días a viajar a solas con su compañero más querido. Fue una oportunidad de pasar muchos días y noches bebiendo de la fuente de la Profecía. Abu Baker anunció que tenía camellos preparados y listos para partir, pues él también había estado esperando que su compañero Muhammad recibiera el permiso de irse a Medina. Esa noche los dos amigos salieron por la puerta trasera y se adentraron en el paisaje del desierto negro.

 

La búsqueda

Cuando los mecanos se dieron cuenta de que el Profeta Muhammad había escapado de La Meca, eludiendo sus planes para matarlo, se enfurecieron. Se inició de inmediato una búsqueda que cubrió los alrededores. A pesar de que sospechaban que el Profeta Muhammad se dirigía a Yatrib, enviaron exploradores en todas direcciones. Abu Baker y el Profeta Muhammad pasaron tres días escondidos en una cueva al sur de La Meca.

En un momento dado, un grupo de búsqueda llegó cerca de la entrada de esa cueva y Abu Baker pudo ver sus zapatos sobre él. Estaba lleno de miedo y temblaba, no por él, pues era un hombre valiente, sino por su amado amigo. Abu Baker susurró: “Mensajero de Dios, ¡si ellos miran hacia sus pies, nos verán!” El Profeta Muhammad respondió: “Abu Baker, ¿qué piensas de dos personas cuyo tercero es Dios?” Dios reveló este versículo del Corán en respuesta a ese momento conmovedor:
“Si no lo socorréis [al Mensajero], sabed que Allah [no necesita de vosotros, pues ya] lo auxilió aquella vez que los incrédulos lo expulsaron [de La Meca], cuando estando en la caverna con su compañero [Abu Baker] le dijo: No te entristezcas, pues Allah está con nosotros. Entonces, Allah hizo descender Su sosiego sobre él [Abu Baker], los socorrió con un ejército [de Ángeles] invisibles, y dispuso que el propósito de los incrédulos se desvaneciera y que el Mensaje de Allah sea el que prevalezca. Ciertamente Allah es Poderoso, Sabio”. (Corán 9:40)

Los mecanos enojados y desesperados estaban afuera de la cueva, pero no entraron. Una araña había tejido una delicada red cubriendo la entrada de la cueva, haciendo parecer que nadie había entrado allí en mucho tiempo. Abu Baker entendió de las palabras de su amigo amado que el poder de Dios a menudo se manifiesta en los lugares menos esperados. Una araña pequeña y frágil tejiendo una red de encubrimiento fue más fuerte que un ejército. Abu Baker, el primer hombre en entrar al Islam se convirtió en uno de dos. Dos amigos unidos en una misión, determinados por su amor mutuo y hacia la naciente nación musulmana, fortalecidos por su amor al Único Dios Verdadero.

 

(parte 3 de 3): El Protector

Abu Baker fue un hombre de juicio sagaz. Fue capaz de discernir la verdad cuando otros estaban confundidos por las complejidades de la situación. Por lo tanto, le resultaba fácil ver la verdad en el Islam, pero también darse cuenta de que las palabras de Muhammad causarían una ruptura en la sociedad mecana. Los líderes de La Meca no tolerarían nada que pusiera su situación económica o su estilo de vida en peligro. Abu Baker sabía que vendrían tiempos difíciles y sintió que era su deber proteger a su compañero, el Profeta Muhammad. Los dos amigos se veían a diario uno al otro, y su amistad creció y se fortaleció a medida que crecía su entendimiento del Islam y este enraizaba en sus corazones. Por tres años el Islam floreció en secreto. Los nuevos musulmanes difundían el mensaje del Islam a través de una red de amigos y familiares de confianza, pero llegó el momento en que Dios le ordenó al Profeta Muhammad que divulgara el mensaje en público.

Abu Baker entendió que la vida se haría difícil ya que los líderes de La Meca se dieron cuenta de cómo mucha gente estaba aceptando el Islam. Él sabía que el Profeta Muhammad necesitaría su protección, pero con los meses, Abu Baker asumió también el papel de protector de muchos nuevos musulmanes. A medida que más y más personas se convirtieron al Islam, los líderes no musulmanes de La Meca iniciaron una campaña de persecución y abuso diseñada para destruir la nueva fe. Muchos hombres, mujeres y niños de las tribus de La Meca tenían la protección de sus familias, pero los esclavos y los pobres eran especialmente vulnerables.

Fueron los esclavos y los indigentes quienes se sintieron particularmente atraídos hacia las enseñanzas del Islam. Ellos escucharon las palabras de igualdad, libertad, y la misericordia del Único Dios Verdadero, y vieron en ello una forma de escapar de la brutalidad de su existencia, y de hallar consuelo en el perdón y el amor de Dios. Descubrieron que todos los hombres somos esclavos de Dios y que Él ofrece guía y protección para todos, no sólo para las clases de élite. Abu Baker era un mercader rico y estaba en capacidad de aliviar el sufrimiento de muchos esclavos, comprándolos a sus amos y liberándolos.

Entre los esclavos liberados por Abu Baker estaba Bilal[1], el hombre destinado a convertirse en el primero en convocar a los creyentes a la oración. El amo de Bilal lo había tendido sobre la arena caliente del desierto y había puesto grandes bloques de piedra sobre su pecho, pero él se rehusó a renunciar a su nueva fe. Cuando Abu Baker escuchó la condición de Bilal, corrió a liberarlo. En total, Abu Baker liberó a ocho esclavos, cuatro hombres y cuatro mujeres. A pesar de que el comprar y liberar esclavos no era algo desconocido en la sociedad mecana, usualmente era un acto llevado a cabo por razones mucho menos altruistas. Una vez que un esclavo era liberado, quedaba moralmente obligado a ofrecer su protección a aquel que lo había liberado, y por esta razón los mecanos ricos liberaban esclavos que eran fuertes y estaban en buena forma física. Abu Baker liberó esclavos por la causa de Dios, no para sí mismo.

“Aquel que da parte de su riqueza con el anhelo de purificarse, y que cuando hace una obra de bien, no la hace esperando la retribución de los hombres, sino anhelando el Rostro de su Señor, el Altísimo [y Su complacencia], y por cierto que se complacerá [con lo que le aguarda en el Paraíso]”. (Corán 92:18-21)

 

Proteger a su Compañero

Un día, cuando el Profeta Muhammad estaba en la Kaaba (la Casa de Dios), los mecanos lo rodearon y comenzaron a burlarse y a abusar verbalmente de él, y muy rápidamente se animaron al abuso físico. Alguien informó a Abu Baker que este compañero necesitaba su ayuda, así que corrió a la Kaaba y se abrió paso hasta la mitad de la pelea, poniéndose entre el Profeta Muhammad y sus atacantes. Entonces gritó: “¿Va a matar a un hombre por decir que Dios es su Señor?”[2] Los mecanos quedaron aturdidos por un momento, pero en pocos segundos cayeron sobre Abu Baker y lo golpearon sin misericordia. La golpiza fue tan severa que la sangre fluyó de su cabeza y se coaguló en su cabello.

En otra ocasión, cuando el Profeta estaba rezando, uno de los dirigentes de La Meca lanzó un pedazo de tela alrededor de su cuello y comenzó a estrangularlo. Aunque la gente veía lo que estaba ocurriendo, nadie tuvo el valor suficiente para salir al rescate del Profeta Muhammad. Cuando Abu Baker entró a la Kaaba y vio a su amigo en peligro, corrió y luchó contra el atacante.

Una historia relatada por Ali ibn Abu Talib personifica la reputación de Abu Baker como triunfador tranquilo que nunca priorizó sus propias necesidades y fue devoto del Islam y de su Mensajero, el Profeta Muhammad. Cuando Ali fue el líder de los musulmanes, muchos años después de las muertes del Profeta Muhammad y de Abu Baker, dio un discurso en el que le preguntó a su público: “¿Quién es el hombre más valiente del Islam?” La gente respondió: “¡Tú, Amir Al Muminin (líder de los creyentes)!” Ali tenía una fuerte reputación de ser un guerrero y un luchador valiente. Él miró a los hombres sentados en frente y dijo: “Es verdad que nunca he enfrentado a un oponente y he perdido, pero no soy el más valiente. Ese honor le pertenece a Abu Baker”.

Ali siguió relatando que en la Batalla de Bader, la primera batalla que enfrentó la naciente nación musulmana, los musulmanes se negaron a dejar que el Profeta Muhammad estuviera en el frente, y en vez de eso construyeron un refugio para él en la parte posterior. La gente preguntó quién se ofrecía como voluntario para proteger al Profeta, pero nadie dio un paso al frente, excepto Abu Baker. El Profeta Muhammad se quedó en el refugio un rato, orando por el triunfo de su pequeña nación, y Abu Baker podía verlo caminando de un lado a otro, mientras permanecía con su espada desenvainada, listo para repeler cualquier amenaza a su querido compañero.

Más adelante en la batalla, el Profeta Muhammad dirigió el batallón central y Abu Baker el flanco derecho. Ellos eran amigos unidos en todas las circunstancias, en las buenas y en las malas. Abu Baker es un ejemplo de hombre valiente preparado a usar su riqueza, sus habilidades y su fuerza al servicio del Islam, y listo a dar su vida por amor a Dios o para proteger al Mensajero de Dios.

 

Palabras de exaltación

Ali ibn Abu Talib ofreció también la oración fúnebre de Abu Baker. Las siguientes citas son apenas un pequeño ejemplo de sus palabras de exaltación para el compañero más cercano del Profeta Muhammad.

“Tú le diste apoyo cuando los otros lo habían abandonado, y te mantuviste firme ayudándolo en tiempos de desgracia, cuando los demás le habían retirado su apoyo.

“Tenías la voz más baja pero la distinción más alta. Tu forma de hablar fue la más ejemplar y tu razonamiento el más justo. Tu silencio fue el de mayor duración, y tu oratoria la más elocuente. El más valiente entre los hombres, y bien informado sobre los asuntos, tus actos fueron dignos”. Ese fue Abu Baker, el protector.

Footnotes:
[1] Sahih Al-Bujari.
[2] Sahih Al-Bujari.

 


Source: https://www.islamland.com/esp/articles/abu-baker-el-veraz