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Cómo abrazó el Islam el tercer sucesor del Profeta Muhammad

Uzmán Ibn Affan fue el tercero de los sucesores del Profeta Muhammad. Fue conocido como el “Emir de los creyentes” y gobernó por aproximadamente 12 años. Los primeros seis años fueron tiempos de relativa tranquilidad y paz, pero los últimos seis años de su gobierno se vieron sacudidos por el conflicto interno y grupos de rebeldes que trataban de generar caos por todo el califato. Uzmán es recordado como un hombre piadoso, amable y gentil, y admirado por su generosidad. Gobernó con justicia imparcial y políticas suaves y humanas basadas en su obediencia a Dios y su amor por el Profeta Muhammad y por la nación musulmana.

Uzmán (que Dios esté complacido con él), nació siete años después que el Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y pertenecía a la rama Omeya de la tribu Quraish. Los Omeyas eran el clan más influyente de los Quraish, eran los más fuertes y ricos, y Uzmán era su “niño dorado”, el más querido debido a sus buenos modales y su recato. Al igual que su predecesor Omar Ibn Al Jattab, Uzmán sabía leer y escribir. Esta habilidad era poco común en la Arabia preislámica, y Uzmán se convirtió en un exitoso comerciante y mercader de ropas. A lo largo de su vida fue conocido como un hombre amable y generoso, e incluso antes de su conversión al Islam era generoso dando dinero para ayudar a los necesitados.

Fue su amigo íntimo, Abu Bakr, quien le presentó el Islam a Uzmán, y este abrazó la nueva religión a la edad de treinta y cuatro años. Esto fue durante los primeros días del Islam, cuando los hombres de La Meca abusaban de los conversos al Islam y los torturaban sistemáticamente. A pesar del abuso, Uzmán no renunció a su religión, y en su momento se casó con la hija del Profeta Muhammad, Ruqiayah, estrechando así su relación con el Profeta.

El abuso y la tortura continuaron, y la rica familia de Uzmán y su estatus en la sociedad como mercader no lo protegieron. Fue abusado y torturado incluso por miembros de su propia familia: su tío lo encadenó de pies y manos y lo encerró en un cuarto oscuro. El maltrato continuo por parte de su familia más cercana llevó a Uzmán y a su esposa a formar parte de la primera migración a Abisinia. El Profeta Muhammad alabó su carácter indulgente y dijo: “Después de Lot, Uzmán es el primer hombre que, junto con su esposa, ha dejado la comodidad de su casa por la causa de Dios”. Después de algún tiempo, Uzmán y Ruqiayah regresaron a La Meca para estar con los musulmanes que luchaban y con su amado padre y Profeta.

Uzmán formó una relación muy estrecha con el Profeta Muhammad, y obtuvo conocimiento profundo acerca de la religión del Islam. Narró 146 tradiciones directamente del propio Profeta y fue una de las pocas personas que pudo poner el Corán por escrito. Entendió los rituales de la ablución, la oración y otras obligaciones islámicas, e instruyó a otros al respecto. Uzmán también participó en la migración a Medina y allí ayudó al Profeta Muhammad a establecer la nación musulmana. El Profeta Muhammad incluso se refirió a él como su asistente.

En Medina, el agua escaseaba y el control de los pozos era firmemente sostenido por varios hombres. Debido a que era un comerciante y negociador hábil, Uzmán procuró conseguir un pozo para uso de los musulmanes. Negoció un precio por medio pozo, tendría el control un día y el otro dueño el día siguiente. Sin embargo, Uzmán les dio esta agua gratis a los musulmanes, así que nadie quería pagar por el agua en los días alternos. El dueño original del pozo no tuvo más remedio que venderle su parte a Uzmán, quien en todo caso pagó un precio justo por ella. Uzmán continuó permitiendo que el agua fuera utilizada de forma gratuita por todos y nunca le recordó a la gente su caridad. Él era humilde y modesto.

Uzmán fue generoso con su riqueza para complacer a Dios y a Su Mensajero Muhammad. Los relatos islámicos históricos mencionan que Uzmán compraba esclavos todos los viernes con el propósito de liberarlos; y que aunque era rico, normalmente no tenía servidumbre debido a este hábito. Cuando el Profeta Muhammad y los ejércitos musulmanes iban a salir a combatir contra los bizantinos en Tabuk, Uzmán convocó a la gente más rica para que dieran dinero y propiedades para apoyar y equipar a los soldados. Él mismo donó 200 camellos ensillados y 200 onzas de oro. También dio 1.000 dinares. El Profeta Muhammad continuó pidiendo donaciones con la esperanza de inspirar a otros a ser tan generosos como Uzmán. Sin embargo, Uzmán los sobrepasó a todos y dio un total de 900 camellos equipados .

La imagen que nos podemos hacer de Uzmán es la de un hombre generoso, modesto y amable. Fue conocido por su humildad, modestia y piedad. Solía pasar las noches orando y se lo conocía por ayunar a menudo, a veces día por medio. A pesar de su riqueza, vivía con sencillez y generalmente dormía envuelto en una manta sobre la arena de la mezquita. Uzmán fue designado como el tercer líder de los musulmanes después del Profeta Muhammad por un concilio de seis hombres. Continuó el gobierno humano y justo del Profeta Muhammad, Abu Bakr y Omar. Se preocupó por los musulmanes y extendió el califato musulmán a Marruecos, Afganistán y Azerbaiyán. Durante seis años, su gobierno fue uno de paz y tranquilidad, pero los vientos de cambio comenzaron a soplar sobre el territorio islámico.

Uzmán Ibn Affan, al igual que sus predecesores, fue un hombre del pueblo. Era modesto, tímido y humilde; pero, a pesar de ello, su gobierno fue disputado por rebeldes que desataron la lucha interna. Dios había elegido a Uzmán para que fuera el tercer líder, pero los disidentes complotaron para deponerlo de su noble posición. El Profeta Muhammad había profetizado que Uzmán se vería en una situación muy difícil, cuando dijo: “Si Dios te viste con una camisa, Uzmán, y la gente quiere que te la quites, no te la quites por ellos”. Uzmán no se quitó su camisa, su amor por Dios y su Mensajero lo mantuvo fuerte y humilde de cara a la vejez y a las dificultades extremas.

La vida y obra inspiradoras del tercer líder musulmán.

Uzmán Ibn Affan fue un hombre tan amado por el Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) que él lo llamó “el de las dos luces”. Uzmán se casó con la hija del Profeta Muhammad, Ruqiayah; y cuando ella murió, se casó con otra hija de Muhammad, Umm Kulzum, poseyendo así las dos luces.

Uzmán Ibn Affan fue nombrado Califa (líder de la nación musulmana) a través de un proceso de consulta y de cuidadosa deliberación. En su lecho de muerte, Omar Ibn Al Jattab designó un concilio de seis hombres para que eligieran al nuevo líder. Fue una época de confusión y caos para los musulmanes, pequeños desacuerdos se convirtieron en obstáculos. Algunos querían que se nombrara a Ali Ibn Abu Talib porque era familiar del Profeta Muhammad, otros querían que se nombrara a Uzmán porque pertenecía a una de las mayores tribus de La Meca. El reconocido erudito islámico Ibn Kazir sugirió en el siglo XIV que el líder del concilio, Abdurrahman Ibn Awf, interrogó a ambos hombres y eligió finalmente a Uzmán.

Abdurrahman le preguntó a Ali: “¿Juras gobernar según el libro glorioso de Dios (el Corán) y la Sunnah (tradiciones) de Su Mensajero?”. A lo que él respondió: “Espero actuar según mi mejor conocimiento y capacidad”. Cuando Abdurrahman le hizo la misma pregunta a Uzmán, él simplemente respondió: “Lo haré”. Sería demasiado simplista sugerir que la decisión se tomó solo con base en la respuesta a esta pregunta, cuando en realidad ella fue parte de un proceso de reflexión y deliberación. Ambos hombres eran parte de muchos que estaban muy bien calificados para liderar la nación musulmana. Uzmán era un hombre conocido por ser piadoso, generoso y modesto, quizás su respuesta sencilla reflejó su personalidad. Un hombre tímido que hablaba con pocas palabras, pero cuyo corazón estaba lleno de amor por Dios y Su Mensajero
Inmediatamente después de ser electo, Uzmán Ibn Affan se dirigió al pueblo desde el minbar que antes utilizaba el Profeta Muhammad. Miró a los musulmanes y alabó a Dios, pidió bendiciones para el Profeta Muhammad, y le recordó a la gente que este mundo está lleno de engaños. Aconsejó a la gente que rechazara la vida lujosa y que buscara un lugar en el Más Allá lleno de felicidad y paz.

“Exponles el ejemplo de la vida mundanal, y diles que es como el agua que envío del cielo, que riega la vegetación, pero luego ésta se seca y los vientos la dispersan. Dios tiene poder sobre todas las cosas. Los bienes materiales y los hijos son parte de los encantos de la vida mundanal, [que estos no los hagan olvidar de lo que Dios ha ordenado. Utilicen bien sus riquezas y eduquen correctamente a sus hijos,] pues las obras que a Dios Le complacen son las que perduran y tienen gran recompensa”. (Corán 18: 45 – 46)

Uzmán fue un hombre piadoso que amaba a Dios y confiaba plenamente en Él, así que su primer acto como líder fue asegurarle a la gente que la guiaría de acuerdo al camino trazado por el Profeta y por los califas Abu Bakr y Omar Ibn Al Jattab. Uzmán tenía alrededor de 70 años cuando se convirtió en el líder de los musulmanes, y por muchos años se había cohibido de los placeres de esta vida a fin de buscar la cercanía con Dios. Después de marcar unas pautas de piedad y de preocupación por los musulmanes que serían el sello representativo de su gobierno, Uzmán concentró su atención en darles dirección a los gobernadores y a los ejércitos musulmanes.

A los gobernadores, Uzmán les expresó su deseo de que sirvieran a la gente y nunca la explotaran. Envió compañeros prominentes del Profeta Muhammad en calidad de diputados a las provincias para observar la conducta de los funcionarios y verificar las condiciones de la población. Uzmán les recordó a los ejércitos que siguieran las directrices claras establecidas por Omar Ibn Al Jattab y les pidió que nunca olvidaran que estaban defendiendo a los creyentes. Se hicieron conquistas extensas durante el gobierno de Uzmán, incluyendo partes de España, Marruecos y Afganistán. Uzmán también fue el primer Califa en organizar una armada naval. Reorganizó las divisiones administrativas del califato musulmán, expandió e inició muchos proyectos públicos. Quizás la contribución más significativa de Uzmán a los musulmanes fue su compilación del Corán.

 

El Corán Uzmaní

Después de la muerte del Profeta Muhammad y durante la época de los califas, cientos de miles de personas no árabes abrazaron al Islam. En consecuencia, el Corán comenzó a ser recitado y escrito en diversos dialectos y caligrafías. Uno de los compañeros del Profeta Muhammad y amigo de Uzmán, Hudhaifah, durante un viaje notó que había muchas recitaciones diferentes del Corán en el vasto territorio musulmán. Hudhaifah le sugirió a Uzmán que hubiera una versión oficial escrita en el estilo utilizado en Medina.

Uzmán se sabía el Corán completo de memoria y tenía conocimiento profundo del contexto y las circunstancias relacionados con cada aleya. El Corán había sido recopilado durante la época de Abu Bakr y había sido salvaguardado en la casa de Hafsah, la esposa del Profeta Muhammad. Uzmán tomó posesión de los originales y ordenó a algunos de los compañeros más confiables que hicieran copias cuidadosas de ellos. Luego ordenó que todas las demás copas no oficiales fueran quemadas o destruidas de algún modo. Cinco copias oficiales fueron enviadas a las mayores ciudades del califato musulmán. Hoy en día aún existen algunas de esas copias oficiales, en Taskent, Uzbekistán y en el Palacio Topkapi en Estambul, Turquía.

 

Un final trágico

Los últimos seis años del gobierno de Uzmán estuvieron marcados por la rebelión. Algunos de los gobernadores que habían sido nombrados durante el gobierno de Uzmán tuvieron mano dura y algunos llegaron a cometer injusticias. Esto hizo que las semillas de la disensión se dispersaran y muchas personas comenzaron a amar los lujos de la vida contra los que Uzmán les había advertido. Surgieron conspiraciones, y para Uzmán se volvió difícil distinguir entre amigos y enemigos. Él era reacio a derramar la sangre de cualquier musulmán sin importar cuán rebelde fuera. Uzmán prefería persuadir a la gente con cortesía y generosidad, pues siempre recordaba las palabras del Profeta Muhammad: “Una vez que la espada sea desenfundada entre mis seguidores, no será enfundada de nuevo hasta el Último Día”.

Los rebeldes le exigieron a Uzmán que dimitiera y, de hecho, muchos de los compañeros le aconsejaron que lo hiciera. Uzmán, ya un hombre de más de 80 años, escuchaba las palabras de su amado Profeta resonando en sus oídos y se negó a renunciar a su cargo: “Si Dios te viste con una camisa, Uzmán, y la gente quiere que te la quites, no te la quites por ellos”. Uzmán se mantuvo fiel a su alianza, pero después de un largo asedio, los rebeldes irrumpieron en su casa y lo asesinaron. En el momento en que la espada del asesino lo golpeó, Uzmán estaba recitando el siguiente versículo:
“Dios te protegerá de ellos. Él es el que todo lo oye, todo lo sabe”. (Corán 2:137)

Ese fue el final trágico de uno de los hombres más piadosos, amables y altruistas del Islam.

 


Source: https://www.islamland.com/esp/articles/uzman-ibn-affan