EVIDENCIA DE LA PROFECÍA DE MUHAMMAD

Escrito por Imam Kamil Mufti.
La entrega Divina es proporcional a la necesidad humana. Dios facilita la adquisición a medida que la necesidad de los humanos se incrementa. El aire, el agua y la luz del sol son necesarios para la supervivencia del ser humano, y de este modo Dios les ha garantizado a todos su adquisición sin esfuerzo alguno. La mayor necesidad humana es la de conocer al Creador, y por ello, Dios ha facilitado su conocimiento. La evidencia de Dios, sin embargo, difiere en su naturaleza. A su manera, todo en la creación es evidencia de su Creador. Algunas evidencias son tan obvias que cualquier persona puede inmediatamente “ver” al Creador, por ejemplo, el ciclo de la Vida y la muerte. Otros “ven” el trabajo del Creador en la elegancia de los teoremas matemáticos, las constantes universales de la física, y el desarrollo del embrión:
“En la creación de los cielos y la Tierra y en la sucesión de la noche y el día hay signos para los dotados de intelecto.” (Corán 3:190)
Como la existencia de Dios, los seres humanos, necesitan evidencias para establecer la verdad sobre los profetas. Muhammad, como los profetas anteriores a él, dijo ser un profeta de Dios para la humanidad. Naturalmente, la evidencia de su veracidad es diversa y numerosa. Algunas son obvias, mientras que otras son aparentes solo después de una observación profunda.
Dios dice en el Corán:
“¿Acaso no es suficiente tu Señor como Testigo de todo?” (Corán 41:53)
Ser testigo de la Divinidad por sÍ sola es suficiente sin otra evidencia. El testimonio de Dios sobre Muhammad yace en:
(a) Revelaciones pasadas de Dios a profetas anteriores que predijeron la aparición de Muhammad.
(b) Actos de Dios: los Milagros y ‘signos’ que Él envió para apoyar la afirmación de Muhammad.
¿Cómo comenzó todo en los primeros días del Islam? ¿Cómo se convencieron los primeros creyentes de que Él era el Profeta de Dios?
La primera persona que creyó en la profecía de Muhammad fue su propia esposa, Jadiyah. Cuando este regresó a su hogar temblando de miedo, después de haber recibido la primera revelación divina, ella fue su consuelo:
“¡Nunca! Por Dios, Dios nunca te deshonrará. Mantienes buenas relaciones con tus familiares, ayudas a los pobres, sirves a tus invitados generosamente, y asistes a aquellos que han sido víctimas de calamidades.” (Sahih Al-Bujari)
Ella vio en su esposo a un hombre que Dios no humillaría, por sus virtudes y honestidad, justicia, y por ayudar a los pobres.
Su amigo más cercano, Abu Bakr, quien lo conocía de toda la vida y tenía casi su misma edad, le creyó tan pronto escuchó sus palabras: ‘Soy un Mensajero de Dios’ sin ninguna otra confirmación mas que el libro abierto de la vida de su mejor amigo.
Otra persona que aceptó su aclamación al escucharla, fue ‘Amr’[1]. Él dijo:
“Solía pensar antes del Islam que las personas estaban equivocadas y que no estaban en ningún camino correcto. Adoraban ídolos. Entonces escuché que un hombre predicaba en la Meca; por lo tanto fui a verlo… Y le pregunté: ‘¿Quién eres tú?’ El dijo: ‘Dios me ha enviado’. Yo dije: ‘¿Con qué te ha enviado?’ El dijo: ‘He sido enviado a unir lazos de parentesco, romper los ídolos, y proclamar la unicidad de Dios para que nada sea asociado a Él (en la adoración)’. Yo dije: ‘¿Quién te acompaña en esto?’ Él dijo: ‘Un hombre libre y un esclavo (refiriéndose a Abu Bakr y Bilal)’. Yo dije: ‘Pienso acompañarte’”. (Sahih Muslim)
Dimad era un médico del desierto que se especializaba en enfermedades mentales. En su visita a la Meca escuchó a los Mecanos decir que Muhammad era un enfermo mental, y consciente de sus habilidades, dijo: ‘Si yo me cruzase con este hombre, Dios lo curaría frente a mi’. Dimad conoció al Profeta y dijo: ‘Muhammad, yo puedo proteger al que sufre de enfermedades mentales o quien está bajo un embrujo, y Dios cura a quien Él desea frente a mi. ¿Deseas ser curado?’ El Profeta de Dios respondió, con las palabras que comenzaba los sermones:
“Por cierto que la alabanza y gratitud pertenece a Dios. Lo adoramos y pedimos Su ayuda. El que es guiado por Dios, nadie podrá desviarlo, y el que se pierde a sí mismo nadie podrá guiarlo. Atestiguo que nadie merece ser adorado salvo Dios, Él es el único, no tiene compañeros, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero”.
Dimad, quedó paralizado por la belleza de sus palabras, le pidió que las repitiera, y dijo: ‘He escuchado palabras de adivinos, hechiceros y poetas, pero nunca he escuchado palabras como estas, penetran las profundidades de los océanos. Dame tu mano para poder comprometer mi alianza hacia ti en el Islam’.[2]
Después de que el ángel Gabriel le llevó su primera revelación al Profeta Muhammad, Jadiyah, su esposa, lo llevó a visitar a un primo suyo que era anciano, Waraqa bin Nawfal, un erudito bíblico, para discutir el acontecimiento. Waraqa reconoció a Muhammad en las profecías de la Biblia y confirmó:
“Este es el Conservador de los Secretos (el Ángel Gabriel) quién fue enviado ya antes a Moisés”. (Sahih Al-Bujari)
El rostro puede ser una ventana al alma. Abdullah bin Salam, el gran Rabino de Medina en ese momento, miró el rostro del Profeta cuando éste llegó a Medina, y exclamó:
“¡En el momento en que vi su rostro, supe que no era el rostro de un mentiroso!” (Sahih Al-Bujari)
Muchos de los que rodeaban al Profeta, que no aceptaron el Islam, no dudaron de su veracidad, pero se rehusaron a creer en su profecía por otras razones. Su tío, Abu Talib, lo ayudó a lo largo de su vida, reconoció la veracidad de Muhammad, pero se rehusó a abandonar la religión de sus ancestros por miedo a la vergüenza y a perder el estatus social.

[1] Amr b. Abasa Sulami.
[2] Sahih Muslim.

Un Análisis Lógico de Su Afirmación

Como ya se ha tratado antes, Muhammad afirmó: ‘Yo soy un Mensajero de Dios’. Mintió sobre su afirmación o bien no lo hizo. Comenzaremos asumiendo lo primero e investigaremos todas posibilidades que surgen de los escépticos del pasado y del presente, discutiendo algunas de sus ideas. Sólo si todas las demás posibilidades se agotan uno puede razonablemente afirmar que la única posibilidad restante es que él decía la verdad. También investigaremos lo que dice el Corán respecto al tema.
¿Era un mentiroso?
¿Es posible que un mentiroso afirme por un período de 23 años con una inquebrantable certitud que es un profeta como Abraham, Moisés y Jesús, que no habrá otros profetas después de él, y que las escrituras que le han sido enviadas permanecerán como su perdurable milagro hasta el fin de los tiempos?
Un mentiroso cometerá faltas en algún momento, tal vez con un amigo, tal vez con un familiar, con alguien cometerá un error. Su mensaje, llevado por dos décadas, se contradecirá alguna vez. Pero lo que vemos es que las escrituras que trajo carecen de inconsistencias internas, su mensaje fue consistente a lo largo de toda su misión.[1]
La historia de su vida se preserva como un libro abierto para que todos la lean. Antes del Islam, su propio pueblo lo reconocía como digno y confiable, un hombre honesto, una persona de integridad, que no mentía.[2] Gracias a eso lo llamaban “Al-Amín”, o “El Confiable” porque estaba fuertemente en contra de la mentira. ¿Es posible que sostenga una mentira por 23 años, una mentira tan monstruosa que lo convierta en un marginado social, cuando era reconocido por no mentir ni siquiera una sola vez? Es simplemente lo contrario a la psicología de los mentirosos.
Si uno se preguntase por qué alguien proclamaría la profecía y mentiría, la respuesta sería una de las dos siguientes:
1) Fama, gloria, riqueza y estatus.
2) Progreso Moral.
Si dijéramos que Muhammad clamó la profecía por fama, gloria, riqueza y estatus, veríamos que lo que realmente ocurrió fue lo contrario. Muhammad, antes de afirmar su profecía disfrutaba de un alto estatus en todos sus aspectos. Pertenecía a una de las tribus más nobles y era conocido por su veracidad. Después de su afirmación, se convirtió en un marginado social. Él y sus seguidores enfrentaron durante 13 años en la Meca insoportables torturas, que llevaron a la muerte a algunos de sus seguidores, burlas, sanciones y la exclusión de la sociedad.
Había muchas otras maneras en las que una persona pudiese ganar fama en la sociedad de esos tiempos, mayormente a través del valor y la poesía. Si Muhammad hubiese afirmado que él mismo era el autor del Corán, como lo explicaremos más adelante, eso hubiese sido suficiente para que su nombre y la poesía lo hubiese gravado en oro y colocado en la Ka’bah para toda la eternidad, con en el mundo entero alabándole. Sin embargo, él no proclamó ser el autor de esa revelación, sino que informó que el autor era Dios, causando su ridiculización en su época y hasta en la nuestra.
El Profeta estaba casado con una mujer adinerada, y disfrutaba de las comodidades de la vida de esa época. Pero después de su afirmación de la profecía, se convirtió en uno de los hombres más pobres. Pasaba días sin encender el fuego para cocinar su hogar, en una ocasión el hambre lo llevó a la mezquita a pedir comida. Los líderes de la Meca en esos momentos le ofrecieron riquezas a cambio de que dejara de divulgar su mensaje. Como respuesta a su ofrecimiento, él recitó los siguientes versículos del Sagrado Corán (41:1-38.11).
“Por cierto que quienes dicen: Nuestro Señor es Dios y obran correctamente, descienden sobre ellos los Ángeles [en la agonía de la muerte y les dicen:] No temáis [a la muerte y a lo que vendrá después de ella] ni os apenéis [por la separación con vuestros familiares], sino alegraos con el Paraíso que se os prometió [como recompensa]. Nosotros somos vuestros protectores en la vida mundanal y en la otra; sabed que tendréis allí todo cuanto deseéis y se os concederá lo que pidáis. Ésta es la recompensa del Absolvedor, Misericordioso. Quién puede expresar palabras más bellas que aquel que exhorta a los hombres a creer en Dios, obra rectamente, y dice: ¡Ciertamente me cuento entre quienes se someten a Dios! No se equipara obrar el bien y obrar el mal. Si eres maltratado responde con una buena actitud [sabiendo disculpar], y entonces verás que aquel con quien tenías una enemistad se convertirá en tu amigo ferviente. Esto no lo lograrán sino quienes son perseverantes y pacientes; no lo lograrán sino quienes [por su buena actitud] reciban una gran recompensa [en esta vida y la otra]”. (Corán 41:30-35)
Si se dijese que Muhammad mintió y afirmó ser profeta para producir reformas morales y religiosas a una sociedad decadente, este argumento es vano en sí mismo, ya que no es posible brindar moral a través de una mentira. Si Muhammad gustaba tanto de defender y predicar la moral y la adoración a Un sólo Dios, entonces, ¿Podría haber mentido para lograr eso? Si decimos que esto no es posible, la única respuesta viable es que decía la verdad. La única otra posibilidad es que estuviera loco.

Footnotes:
[1] Sahih Al-Bujari
[2] ‘Muhammad: Su vida basada en las fuentes más antiguas’ por Martin Lings, p. 34 (versión en Inglés).
¿Era un loco?
Alguien que ha lidiado con personas mentalmente enfermas sabe que la gente puede identificar distintos síntomas. Muhammad no demostró ningún síntoma de locura en ningún momento de su vida. Ningún amigo, esposa o miembro de la familia sospechó o lo abandonó a causa de su locura. Con respecto a los efectos que las revelaciones producían en el Profeta, la transpiración y efectos parecidos, se debían a la intensidad del Mensaje que debía llevar y no a un ataque epiléptico o instancias de locura…
Por el contrario, Muhammad predicó por mucho tiempo y enseñó una legislación desconocida en su complejidad y sofisticación para los antiguos árabes. Si el Profeta estaba loco, hubiese sido obvio para los que lo rodeaban en algún punto de los veintitrés años que duró su misión. ¿Cuándo en la historia un hombre demente predicó un mensaje de adoración a Un sólo Dios por diez años, tres de los cuales fue exiliado con sus seguidores, y eventualmente se convirtió en el soberano de sus tierras? ¿Qué hombre loco ha ganado alguna vez el corazón y la mente de las personas que lo conocieron y ganado el respeto de sus adversarios?
Más aún, sus compañeros más cercanos, Abu Bakr y Umar fueron reconocidos por sus habilidades, nobleza, destrezas y delicadeza. Estaban dispuestos a sacrificar cualquier cosa por la religión que él les transmitió. En una ocasión, Abu Bakr, le brindó todas sus posesiones materiales a Muhammad, que Dios le de paz, y cuando éste le preguntó que le había dejado a su familia, respondió: ‘¡Les he dejado (la creencia en) Dios y su Mensajero!’
Abu Bakr, un comerciante de profesión, después de ser elegido como el soberano de los árabes después de la muerte de Muhammad, ¡utilizó apenas dos monedas al mes para mantener a su familia!
Umar se convirtió en el soberano de Arabia después de Abu Bakr y conquistó Siria, Egipto, dominó los imperios Persa y Bizantino. Era un hombre conocido por su escrupulosa justicia. ¿Cómo se puede sugerir que estas personas eran seguidoras de un individuo mentalmente enfermo?
Dios sugiere: Preséntate ante Dios sin ningún prejuicio o creencia preconcebida, y discute con otra persona o piénsalo por ti mismo, este profeta no estaba loco, él está tan estable ahora como lo estuvo por cuarenta años.
“Diles [¡Oh, Muhammad!]: Ciertamente os exhorto a que hagáis una cosa [para que se evidencie la Verdad]: Poneos ante Dios de dos en dos, o solos, y reflexionad, pues vuestro compañero [el Profeta Muhammad] no es un loco, sino un amonestador para vosotros que os advierte de un severo castigo.” (Corán 34:46)
Los antiguos mecanos rechazaron su llamado solo por ser rivales partidarios, y mentían cuando lo acusaron de locura. Hasta el día de hoy, algunas personas rehúsan pensar en Muhammad como un Profeta simplemente porque él era árabe y se gratifican a si mismos diciendo que debe haber sido un demente o debe haber estado poseído por el demonio. Su odio hacia los árabes se traduce en su rechazo hacia Muhammad, Dios dice:
“Por cierto que él se presentó con la Verdad, y corroboró el Mensaje de los Mensajeros que le precedieron.” (Corán 37:37)
Aunque los árabes paganos conocían bien a Muhammad, lo acusaban de loco, ya que consideraban su religión un sacrilegio contra la tradición de sus ancestros.
“Y cuando se les recitan Nuestros signos evidentes [a los idólatras], dicen: Éste [el Profeta Muhammad] no es sino un hombre que pretende apartaros de lo que vuestros padres adoraban. Y dicen: Esto [el Corán] no es más que una mentira inventada. Y dijeron también quienes negaron la Verdad, después de haberles llegado: No es más que magia evidente. Y no les concedimos [a los paganos] libros en que se basaran [y fundamentaran su idolatría], ni les enviamos a ningún amonestador antes de ti [¿cómo entonces te desmienten?]. Ya desmintieron sus antecesores a Mis Mensajeros, y ¡qué terrible fue el castigo por ello! Y éstos incrédulos [deberían recapacitar, pues] no recibieron ni una décima parte de lo que les concedimos a ellos [de fortaleza y bienes].” (Corán 34:43-45)
¿Era un Poeta?
Dios menciona sus acusaciones en el Corán y responde a ellas:
“Ese día le diremos al Infierno: ¿Todavía tienes lugar [para seguir castigando a los pecadores? Y exclamará: ¡Sí!, y aún quiero más. Y el Paraíso será expuesto cerca de los piadosos. [Y se dirá:] Esto es lo que se había prometido para quienes se arrepintieran con sinceridad, cumplieran [con los preceptos de Dios]” (Corán 52:30-32)
Dios describe a los poetas de ese tiempo para que sean comparados con el Profeta:
“Y sólo los descarriados siguen a los poetas [que recitan poemas paganos]. ¿Acaso no ves [¡Oh, Muhammad!] cómo ellos [los poetas] en sus lugares de reunión divagan, y dicen lo que no hacen? Excepto los creyentes de entre ellos que obran correctamente, mencionan mucho a Dios [en sus poesías], y responden con ellas a los agravios [de los poetas incrédulos]. Y ya verán quienes hayan sido inicuos cuál será su destino.” (Corán 26:224-227)
Los poetas árabes hablaban del vino, las mujeres, la guerra y distintos pasatiempos, de un modo diferente al Profeta, que invitaba a los buenos modales, servir a Dios y ayudar a los pobres, Muhammad siguió sus propias creencias antes que nadie, muy diferente a los poetas de la antigüedad o filósofos de la actualidad.
El Corán que recitó el Profeta fue diferente a cualquier poesía en su estilo. Los árabes de esa época tenían reglas estrictas con respecto al ritmo, silabas y finales para cada verso poético. El Corán no conformó ninguna de estas reglas conocidas, pero al mismo tiempo, supera cualquier texto que un árabe jamás haya oído. Algunos de ellos hasta se convirtieron en musulmanes después de oír sólo algunos versos del Corán, debido a su deducción de que la fuente de algo tan hermoso no podría ser un hombre.
Nunca se conoció que Muhammad hubiese compuesto un poema antes del Islam ni después de haber recibido la profecía. Por el contrario, no eran de su agrado. Compilaciones de sus declaraciones, llamadas Sunnah, han sido preservadas con diligencia y son completamente diferentes con respecto al contenido literario a las del Corán. Las casas de poesía de Arabia no poseen ninguna copla de Muhammad.
¿Era un Hechicero?
El Profeta Muhammad nunca aprendió o practicó la hechicería. Por el contrario, condenó su práctica y enseñó a sus seguidores a protegerse de ella.
Los Hechiceros poseen una fuerte relación con el Demonio. Su relación les permite engañar a la gente. Los demonios propagan mentiras, pecados, obscenidades, inmoralidades, maldad y destruyen familias. El Corán aclara sobre quién descienden los demonios:
“¿Queréis que os informe sobre quién descienden los demonios? Descienden sobre todo mentiroso pecador [que dice ser adivino]. Ellos [los demonios] se esfuerzan por oír [las revelaciones a los Ángeles en el cielo], pero le transmiten [a los hombres] mentiras.” (Corán 26:221-223)
El Profeta Muhammad era reconocido por ser un hombre de verdadera integridad, alguien quien nunca mintió. Él ordenó las buenas morales y finos modales. Ningún hechicero en la historia del mundo ha brindado jamás una escritura o Ley como el Corán.